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En las viviendas antiguas, mantener una temperatura agradable durante el invierno puede resultar más complicado de lo que parece. A veces, aunque la calefacción funcione correctamente, se nota una corriente de aire cerca de las ventanas o una sensación de frío junto a las paredes. Antes de plantearse una reforma completa, yo revisaría el estado de los cerramientos, porque algunos cambios relativamente sencillos pueden mejorar bastante el confort sin necesidad de hacer una gran inversión. Una de las cosas que más influye es el estado de las juntas. Con los años, las gomas que rodean las hojas pueden endurecerse, perder elasticidad o dejar pequeños huecos por los que se cuela el aire exterior https://www.ventanav.es . Cuando esto ocurre, la habitación tarda más en calentarse y el sistema de calefacción tiene que trabajar durante más tiempo para mantener la temperatura deseada. Sustituir los burletes deteriorados puede ser una solución económica, siempre que se elija un material adecuado para el tipo de ventana y se coloque correctamente. También conviene observar cómo encajan las hojas al cerrar. En algunas viviendas, las ventanas se han utilizado durante décadas sin ningún tipo de mantenimiento, y las bisagras o los mecanismos de cierre pueden acabar perdiendo precisión. Un pequeño ajuste puede mejorar el contacto entre las superficies y reducir las filtraciones. Sin embargo, apretar los cierres demasiado no es una buena idea, ya que podría dificultar la apertura o someter las juntas a una presión excesiva. En una casa antigua, además, no todos los problemas de aislamiento proceden de la propia ventana. El aire puede entrar por las uniones entre el marco y la pared, especialmente si el sellado original se ha deteriorado. Por eso merece la pena inspeccionar también el perímetro del hueco. Si se encuentran grietas, habrá que repararlas con materiales apropiados para esa zona, teniendo en cuenta la humedad y los movimientos normales de la construcción. Otra medida que puede ayudar es colocar cortinas térmicas o persianas que reduzcan la pérdida de calor durante la noche. No sustituyen una reparación bien hecha, pero pueden aportar una mejora adicional y son fáciles de incorporar sin obras. La desventaja es que, si se mantienen cerradas durante todo el día, también pueden limitar la entrada de luz natural y el aprovechamiento del calor del sol. Personalmente, prefiero empezar por localizar los puntos exactos por los que entra el aire, en lugar de comprar productos aislantes sin saber si realmente resolverán el problema. Una revisión cuidadosa permite distinguir entre una junta desgastada, una hoja mal ajustada y una filtración alrededor del marco. Si el acristalamiento es muy antiguo o presenta deficiencias importantes, quizá sea necesario valorar una mejora más profunda, comparando el coste con el ahorro energético esperado.